Redacción (Madrid)
Moverse por europa nunca fue tan fácil ni tan inspirador como con Interrail, el pase de tren que cada año utilizan miles de jóvenes para descubrir el continente con mochila al hombro y espíritu aventurero. creado en 1972, este sistema permite viajar por hasta 33 países europeos con un único billete, y se ha convertido en una especie de rito iniciático para los que buscan su primera gran experiencia viajera.

Los jóvenes de hasta 27 años pueden acceder al Interrail global pass, que ofrece distintas duraciones y precios según el número de días que se quiera viajar. hay opciones desde cuatro días en un mes hasta un pase continuo de tres meses. esto permite una enorme flexibilidad: desde escapadas a unas pocas ciudades clave hasta recorridos más largos y ambiciosos, cruzando fronteras casi sin notarlo.

Una de las ventajas principales es la libertad. no hay necesidad de planificar todos los trayectos con antelación, y muchos trenes permiten subirse simplemente mostrando el pase. ciudades como parís, berlín, praga, budapest, amsterdam o florencia están conectadas por rutas cómodas, rápidas y bien organizadas, lo que convierte el tren en una alternativa atractiva frente al avión.

Además, la experiencia de viajar en tren permite conocer europa a otro ritmo. los trayectos se convierten en parte del viaje: paisajes que cambian desde la ventanilla, estaciones históricas y la posibilidad de entablar conversación con otros viajeros. también es una forma más sostenible de moverse, en un contexto donde la conciencia medioambiental es cada vez más relevante para las nuevas generaciones.

El alojamiento, por su parte, se resuelve de múltiples formas. muchos optan por hostales juveniles, albergues o incluso el uso de plataformas como couchsurfing o airbnb. otros, más aventureros, eligen trenes nocturnos, una opción que permite ahorrar en hotel y avanzar kilómetros mientras se duerme.

Interrail no es solo un billete; es una oportunidad para crecer, para enfrentarse al mundo real, para salir de la zona de confort. en una época marcada por la incertidumbre, las pantallas y las prisas, subirse a un tren sin destino fijo tiene algo de rebelde, de romántico y de profundamente humano. para muchos jóvenes, es el comienzo de algo más que un viaje: es la primera vez que se sienten realmente libres.

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